Carlos Montes: “no podemos seguir concibiendo al Senado como una fábrica de leyes”

Al cumplir su periodo reglamentario como presidente del Senado (un año), el senador socialista Carlos Montes, pronunció un discurso entre sus pares, en el cual hizo un repaso de los hitos de su gestión y reiteró su compromiso con el fortalecimiento de la democracia, con el combate de las desigualdades y con el desarrollo sostenible.


 

En su discurso final como presidente del Senado, Carlos Montes Cisternas agradeció a sus pares de los partidos de centroizquierda, por la confianza que le brindaron para dirigir la Corporación. También reconoció el aporte recibido de los partidos de gobierno: “Reconozco y valoro la actitud constructiva e institucional de las bancadas de Renovación Nacional, la UDI y Evópoli”, dijo en un pasaje del discurso.
A continuación, reproducimos los principales pasajes de su alocución, ofrecida el 6 de marzo pasado, en la sala de plenarios del Senado.

Senadoras y senadores:

Asumí esta responsabilidad consciente del peso del Senado en nuestra democracia. Consciente, además, de la importancia de la Presidencia de esta Corporación en su conducción y fortalecimiento. Sabía que no se trataba de cumplir un rol meramente administrativo, porque el momento era -y sigue siendo- determinante para nuestro futuro político.

La democracia atraviesa enormes dificultades, a nivel global y nacional.

Uno de los síntomas es que la ciudadanía desconfía del valor de nuestra labor como sus representantes y legisladores.
Encuentran soporte a sus reclamos cada vez que somos incapaces de dar respuestas oportunas y efectivas a problemas tan graves como la vulneración de la infancia, las brechas en salud o las pensiones indignas.

Hay un problema de fondo y tenemos el deber de señalarlo. La actividad política se ha vuelto intrascendente frente a demandas complejas, ha perdido efectividad y legitimidad. Por eso la distancia. Por eso el malestar.

Muchas decisiones relevantes han quedado relegadas al mercado. Otras se han trasladado a entidades privadas o multilaterales. En definitiva, gran parte de la dirección de la vida en común está fuera del control democrático.

La actividad política se ha vuelto intrascendente frente a demandas complejas, ha perdido efectividad y legitimidad.

También ha contribuido la persistente herencia de una transición que generó importantes avances, pero que fue menos exitosa en abrir espacios al cambio, la deliberación y la superación de la enorme desigualdad.

Ante problemas sociales y políticos muy complejos, nacionales o globales, el Congreso no ha cambiado sustantivamente sus maneras de trabajar.
Todos somos responsables de que la capacidad de procesamiento político y legislativo se haya visto superada por la realidad.

Hace años se arrastra un escenario que exige con urgencia mayor voluntad política.

Porque no hablamos sólo de un problema de eficacia legislativa. Hablamos de que está en juego la propia legitimidad de la institucionalidad democrática, vale decir, la capacidad para representar y procesar las demandas de los ciudadanos y ciudadanas, para dar respuestas institucionales, eficaces y sostenibles a sus anhelos y temores.

Lo más fácil es mirar para el lado cuando se cree tener posiciones de poder aseguradas.No creo en eso.

En el pasado, vimos debilitarse gravemente la democracia chilena. Y hemos visto en la experiencia internacional la rapidez con que se resquebrajan las bases democráticas más elementales para una convivencia pacífica. Miremos la situación de Venezuela, Nicaragua, Honduras o Brasil.

Hace rato que este no es un problema lejano. Debemos entender que ya es nuestro problema. Como Senado tenemos un rol protagónico que asumir.
Por eso, junto al vicepresidente Carlos Bianchi, nos propusimos iniciar un camino de transformaciones, tratando de aportar en dos objetivos primordiales:
• Mejorar la calidad del debate político y de las leyes.
• Vincularnos mejor con la ciudadanía.

Ello significaba hacer de esta casa un lugar central de debate con la ciudadanía acerca de nuestras formas de convivencia, nuestro horizonte de derechos y nuestros objetivos de desarrollo.

Lejos de ser objetivos administrativos, estos eran y son, objetivos políticos.

La perspectiva política con sentido de país y de largo plazo es, precisamente, lo que debemos fortalecer si queremos recuperar la conexión con la ciudadanía. Estamos aquí para acoger y procesar sus demandas.

Adicionalmente, siguiendo mi identidad política y la necesidad de fortalecer el juego democrático, me propuse contribuir a la articulación de la oposición y al acercamiento de sus partidos.

Ahora que culmina mi función como Presidente, ha llegado el momento de hacer un breve balance de lo realizado, de los avances y problemas.
Pero no quiero limitarme a una memoria. Quiero también hablar del futuro, hacer una reflexión política sobre los desafíos que siguen pendientes.
En primer término, advertimos la carencia de un proyecto institucional y objetivos claros.

Nuestros enormes desafíos sólo pueden enfrentarse si entre todos logramos darle una orientación coherente a este barco. No es posible que carezcamos de un debate que nos permita delimitar y abordar sus contenidos.

Es un error pensar que por ser una institución republicana contamos con un mandato y prácticas intocables.

Chile espera de nosotros un diagnóstico y una hoja de ruta compartida, que nos vuelva a situar como el hogar de la deliberación democrática.
En la relación con la sociedad, tratamos de instalar formas institucionalizadas de escucha y conversación pública, así como de difusión de sus contenidos. Realizamos más de 60 seminarios y encuentros, con unos 8.000 asistentes.

Quizás lo más significativo fue el diálogo con los estudiantes secundarios, que denominamos Tres Poderes del Estado.
El edificio del Congreso en Santiago se abrió más a las voces del país.

Tenemos grandes déficit y retrasos en el modelo administrativo, desafío ineludible para la nueva dirección ejecutiva.
El sistema de dirección ha sido un obstáculo para avanzar.

Propusimos redefinir el rol de Régimen Interior, entendiendo su quehacer como dirección global y estratégica, lo que fue acordado por unanimidad.
También propusimos cambios en la dirección ejecutiva, convocando a concursos públicos para Secretario General y Prosecretario administrativo y expusimos la necesidad de fortalecer las áreas legislativa y de comunicación y tecnología.

Nos ocupamos, asimismo, de la equidad de género. Pusimos en marcha un nuevo protocolo para casos de acoso al interior de la Corporación e impulsamos la creación de una Comisión sobre Mujer y equidad de género.

En el plano legislativo, desarrollamos seminarios sobre democracia, desarrollo económico, control constitucional, modelo municipal y otras materias.

También impulsamos iniciativas sobre cambios en el tratamiento de proyectos de ley prioritarios. Se puso en marcha la Oficina de Presupuestos del Congreso Nacional. Se propusieron cambios, que no avanzaron, en el gobierno corporativo de la Biblioteca del Congreso Nacional. Debemos fortalecer los vínculos con centros de producción de conocimientos nacionales y extranjeros.

Planteamos la necesidad de pasar a una etapa superior en la diplomacia parlamentaria y en nuestras relaciones internacionales.
Pero cualquier avance pierde sentido si no somos transparentes.

El control social es hoy una condición de la marcha de la democracia y de la legitimidad del Parlamento.
La transparencia fortalece nuestro trabajo.

Las sesiones de comisión hoy, en su gran mayoría, están siendo públicas y transmitidas por TV o streaming. Sólo en los últimos nueve meses se transmitieron 520, más que triplicando el promedio mensual anterior.

Los informes de asesorías externas, desde el 2015, están en un 99% en nuestro sitio web, totalizando cerca 7.000 informes.
Es cierto que sobre esto tuvimos diferencias políticas serias, pero en definitiva se encontró el camino de avance en transparencia.

Aún tenemos enormes desafíos. Pero en un año pudimos comprobar que era posible dar pasos en la dirección correcta.
Por eso no veo razón para el escepticismo o para el pesimismo. Tenemos las capacidades para impulsar cambios. Así lo demuestra esa gran iniciativa que es el Congreso del Futuro.

Nuestro principal activo es la legitimidad democrática que nos da ser el espacio donde prima la razón y no la fuerza. Creo necesario recordarlo, porque en tiempos de crisis de la política, éste es un activo frágil que hay que cuidar.

Evidentemente, también disponemos de muchos recursos económicos materiales, cuyo uso podría ser mejor, con innovaciones tecnológicas y de gestión.

Espero sinceramente que a estos activos se sume uno adicional: el creciente convencimiento de que las cosas no pueden seguir igual.
Aunque no es compartido por todos ni advertido con el mismo nivel de urgencia, es un puntal determinante para cualquier cambio.
También albergamos dificultades que impiden los avances.

Uno de los mayores obstáculos para la deliberación en nombre del bien común es, en algunos casos, el excesivo individualismo y cortoplacismo.
Someter cualquier discusión al cálculo sobre lo que me afecta o me perjudica en lo personal, en términos electorales o de intereses de grupo, es el veneno más potente contra las transformaciones duraderas.

En el plano político, quisiera señalar como parte importante de esta gestión la labor política de articulación de la oposición.
Quiero recordar que desde un comienzo señalé que no sería neutral.

Sin traicionar mis posiciones políticas busqué ejercer el cargo de Presidente con seriedad y ecuanimidad, con disponibilidad permanente para relacionarme adecuadamente con el Ejecutivo. Me parece que ese objetivo se logró plenamente.

Nadie en el Ejecutivo puede quejarse de que no hubo en esta Presidencia la disposición para la tramitación de proyectos y para la discusión seria y respetuosa de temas relevantes.

Nadie en el Ejecutivo puede quejarse de que no hubo en esta Presidencia la disposición para la tramitación de proyectos y para la discusión seria y respetuosa de temas relevantes.

Reconozco y valoro la actitud constructiva e institucional de las bancadas de Renovación Nacional, la UDI y Evópoli.
Quise aportar a que la oposición tuviera ciertas instancias de reflexión y entendimiento en temas relevantes, sabiendo que la coordinación política será gradual y lenta.

Hacia adelante creo que debemos movernos con decisión en dos direcciones complementarias:
Por un lado, sintonizar con la ciudadanía a través de un trabajo territorial y un diálogo permanente con los ciudadanos.
Por otro lado, a través de la generación en acuerdos en temas claves, como lo previsional, la salud, la reforma del Estado, la nueva Constitución, la nueva educación pública, seguridad y capacitación laboral, entre otros.

Produjimos en esta materia diálogos políticos muy relevantes, especialmente en materia tributaria y previsional, donde tuvimos diversos foros, paneles, minutas y grupos de trabajo.

La tarea por delante es muy grande y deben redoblarse los esfuerzos de articulación política y debate.

Senadores y senadoras:

Conducir esta institución no es sencillo. Menos aún cuando se tiene la voluntad de introducir cambios.

No podemos seguir concibiendo al Senado como una fábrica de leyes. Es también el principal foro político y centro de debate público del país.
Tampoco podemos seguir creyendo que nuestra democracia estará siempre a resguardo de las amenazas del populismo y el autoritarismo.
Necesitamos un Senado y un Congreso Nacional más activo, más transparente, más sintonizado con los problemas, más dinámico, más abierto. En síntesis y con claridad: necesitamos reformar el Senado.

Chile seguirá cambiando. La pregunta es si nosotros, como institución e individualmente, sabremos cambiar a tiempo.
Tenemos una tarea ineludible: poner en marcha un Plan de Desarrollo y una estructura interna que lo posibilite. Y eso requiere voluntad y hechos tangibles. El principal cuello de botella pensamos que es el sistema de dirección, que está en proceso de cambio.

Soy un convencido que fortalecer la democracia, tanto en su expresión institucional como en su dinámica ciudadana, es necesario no sólo para el desarrollo económico, sino para la convivencia cívica.

Y eso debe partir, como lo he señalado en otras ocasiones, por desarrollar una visión compartida acerca de “las tres D”: sobre el fortalecimiento de la democracia, sobre un desarrollo dinámico y sustentable, y sobre el combate a las diversas formas de desigualdad.

Todos tenemos la responsabilidad de contribuir a definir ese horizonte. Y el Senado es el mejor lugar para hacerlo. A mi sector político, quiero decirle que así como busqué, desde esta posición, facilitar la existencia de una oposición unida, seguiré trabajando desde mi escaño y desde mi territorio para que sea también una oposición triunfante.

Quiero culminar agradeciendo la confianza de las senadoras y senadores y el apoyo de los comités y de la comisión de Régimen Interior.
Agradezco a todo el equipo con que llevamos adelante el trabajo de la Presidencia. Deseo éxito a la nueva mesa que elegiremos el próximo martes (12 de marzo) y con la cual espero colaborar decididamente en los esfuerzos transformadores.

Muchas gracias.

Nota del Editor:
El discurso completo del senador Montes está disponible en:
http://senado.cl/presidente-del-senado-despide-su-gestion-reflexionando-sobre-la/senado/2019-03-06/165707.html

 

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Editor Política & Economía