Carencia de empresarios “schumpeterianos” frena el desarrollo de la innovación en Chile

Como es sabido, las decisiones de inversión en capital fijo (maquinaria y conocimiento técnico) que realizan las empresas forman parte sustantiva del análisis económico y, en particular, de los estudios del desarrollo de un país. En estas decisiones radica buena parte del progreso tecnológico, cuestión no banal pues dicho progreso cambia la distribución desigual de los frutos del progreso técnico en el comercio mundial, como lo enseñó primero el Japón -después de la II Guerra Mundial- y actualmente lo muestra el desarrollo del sudeste asiático.


Por Alexis Guardia Basso

En la dogmática neoliberal las decisiones de inversión deben darse en mercados donde exista el libre funcionamiento de las señales de precio y donde los agentes privados son más eficientes que los estatales. Dentro de esta dogmática, las propuestas del neoliberalismo procuran eliminar las formas de intervención estatal sobre las señales de precio y privatizar las empresas públicas.

Sin embargo, el desarrollo de los estudios del comportamiento en los mercados competitivos “indica que la libre operación de las fuerzas del mercado no es suficiente para que opere la mano invisible; si el conocimiento tecnológico puede ser apropiado y convertirse en una fuente de rentas monopólicas, el mercado no arroja resultados óptimos” (1).

Una segunda manera de abordar el tema de la inversión es el fenómeno de la innovación tecnológica, lo cual nos remite a presentar brevemente los aportes del economista austríaco J. Schumpeter (1883-1950), para quien la innovación pasa por las decisiones que toman los empresarios cuando generan nuevos productos, o nuevos procesos de fabricación, así como de organización de la empresa; o, incluso, cuando abren un nuevo mercado.
La existencia de las grandes empresas estimulan la innovación por la vía de la investigación y el desarrollo (I+D) y es el arma de la competencia oligopólica, reemplazando la competencia por el precio, toda vez que innovando reduce su costo total por unidad de producción.

Sin embargo, después de Schumpeter con el desarrollo científico que conocemos, la innovación tecnológica también se da en las pequeñas y medianas empresas, tanto en bienes como en servicios que logran consolidarse más tarde como grandes empresas innovadoras en nuevos productos y procesos como la inteligencia artificial y las comunicaciones.

La actividad de investigación y de desarrollo experimental (conocido como R&D) es considerada hoy como primer determinante del desarrollo económico de un país. También las instituciones públicas vinculadas a la educación así como el uso de fondos públicos dirigidos a la investigación y la innovación por la vía de la incitación fiscal, son hoy componentes también centrales del proceso indicado. A título de ejemplo, actualmente en Francia, en el caso del crédito de impuesto a la investigación (CIR) el Estado rembolsa 30% de los gastos de I+D de una empresa (5% más allá de 100 millones de gastos).

Brecha con el promedio de la OCDE

Según el Banco Mundial, los gastos en investigación y desarrollo (I+D) en Chile en el 2016 representaron el 0,37% de su PIB y en el caso del promedio de países de la OCDE estos alcanzaron a 2,49%. En cuanto a la intensidad del proceso de innovación de las empresas, es decir, los gastos de I+D sobre las ventas de ellas en Chile, fue de 0,21% y en Japón y Corea del 80%.

La economía chilena ya conoció un período interesante de innovación cuando desarrolló la industria del salmón y la agricultura de exportación.

Chile no tiene presencia mundial en tecnología ni en servicios mineros y le queda un largo camino por recorrer a las empresas locales y las políticas públicas para que puedan apoyar la innovación tecnológica. La economía chilena ya conoció un período interesante de innovación cuando desarrolló la industria del salmón y la agricultura de exportación. Cierto que ello ha ocurrido en parte comprando tecnología producida fuera del país y con limitado impacto en la calificación de la mano de obra, pero todo ello está lejos de lo que se conoce como economía del conocimiento y la innovación.

Con el auge del litio y tomando en cuenta los importantes yacimientos de este mineral en el país, en Chile no hay muchos “empresarios schumpeterianos” nativos o en alianza con extranjeros, que se atrevan a tomar riesgos en la agregación de valor de este recurso. Si a esto añadimos un Estado paralizado por la dogmática neoliberal, creer que con el financiamiento de las llamadas empresas start up basta, estamos lejos de dar el salto al desarrollo tecnológico.

Cita:
(1) Rodriguez, Ennio: “La endogeneización del cambio tecnológico: un desafío para el desarrollo”. Pág. 288. En” El desarrollo desde dentro”, de Osvaldo Sunkel (compilador). Fondo de Cultura Económica, 1991.
Recomienda este artículo
  • gplus
  • pinterest

Sobre el Autor

Alexis Guardia

Alexis Guardia

Economista de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Paris IX. Dauphine.