Atención con el riesgo equivocado

Tenemos, como Nueva Mayoría, un solo contendor estratégico: el poder político y económico de una minoría ínfima, que está dando la pelea y lo seguirá haciendo. Para  lograr las metas que nos hemos propuesto es fundamental no caer en combatir contra los “riesgos equivocados”. Esto  tiene un valor estratégico para llevar a cabo las reformas que Chile necesita. 


Guillermo Campero

Termina un año exitoso, y 2015 empieza con logros importantes en las metas del Programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet.

La Mandataria dijo al iniciar su campaña que era tiempo de plantear reformas estructurales para nuestro país, y que para ello, necesitaba contar con una mayoría ciudadana y parlamentaria para llevarlas a cabo. Ambas cosas ocurrieron y este proceso continúa desarrollándose.

Lo anterior no evita ni puede hacerlo, que el debate sea y siga siendo duro, tanto al interior de la Nueva Mayoría, como desde la oposición. Michelle Bachelet, sus políticas, su Gobierno, han planteado desafíos históricos a Chile.

La Presidenta dijo que era tiempo de plantear reformas estructurales para nuestro país, y que para ello, necesitaba contar con una mayoría ciudadana y parlamentaria para llevarlas a cabo.

Por eso no podía ser de otra manera.

Nunca, nos dice la historia y la ciencia política, las sociedades que se proponen llevar adelante transformaciones sustantivas, lo hacen con indiferencia o con un consenso blindado.

Nunca, porque en estas fases de la historia social se ponen en juego muchos intereses. Legítimos muchos, dudosos otros.

Pero indudablemente esto genera conflicto. Incluso en más de un ocasión éste desborda las reglas del juego democrático, produciendo quiebres institucionales. Chile ya tiene experiencia en ello.

 Nunca las sociedades que se proponen llevar adelante transformaciones sustantivas, lo hacen con indiferencia o con un consenso blindado.

El cambio, cuando es en serio, produce incertidumbre, aún entre quienes lo conducen. Y casi todos somos, más o menos, aversos al riesgo.

Unos, porque temen que sus privilegios sean afectados. Estos son los peores. Los “poderosos de siempre” no es una metáfora.

Ellos, además, se encargan de crear más incertidumbre, de asustar al mayor número de ciudadanos posible, utilizando una vieja táctica que la politología aplicada denomina contra comunicación. Esto se trata de hacer creer a la mayoría que tiene riesgos peligrosos allí donde no existen, salvo para  quienes quieren manipular la conciencia ciudadana.

Recordemos la historia de fines de los sesenta cuando se trató por la prensa de derecha hacer creer que el trabajador que vendía maní en un  carrito, en el centro de Santiago (ganaba Frei Montalva y después Allende) estaba expuesto, con su “empresa”, a los mismos riesgos del “socialismo estatista” que un gran empresa de producción de papel de Chile como “La Papelera, CMPC” y a otras del mismo calado. Y, después, los tanques aplastando niños en las calles hace muy poco.

La arremetida de los medios de comunicación en manos de algunos de aquellos poderosos, cosa que hemos visto durante estos meses, es lo mismo, sólo que ahora hay muchos que están aterrados en serio. No hay Tío Sam atrás, ni tampoco réplicas del General.

A otros los pone nerviosos la posibilidad que su atemorizada subjetividad los lleve a “perder su identidad”. Esto es más entendible. El temor a dilapidar su fuerza política e ideológica es efectivamente algo para preocuparse. Pero, la cuestión es que la política es laica. No puede mantenerse estática en un mundo que cambia con tanta velocidad, menos si se busca la identidad o la diferencia en la cuestión de los “valores”. Lo importante aquí, es que en este caso, lo que asusta a algunos respetables y muy competentes  líderes del social cristianismo no está bien conceptualizado.

No es el tema de “los valores”, en abstracto, lo que debiese quitarles el sueño, por más que eso sea un tema muy relevante, porque lo más importante para la gente es que pierdan la identidad de ser una fuerza de cambio, anti oligárquica, que fue lo que los hizo distinguirse cuando abandonaron la falange, cuando impulsaron la Revolución en Libertad con Eduardo Frei Montalva; cuando lucharon contra la dictadura, cuando asumieron el combate por asegurar la transición hacia la democracia y pusieron a los derechos humanos en el centro de sus combates. Cuando se la jugaron en la Vicaría de la Solidaridad, como Ignacio Walker y otros tantos. Esto es lo que pueden poner en riesgo sus valores más genuinos, plenamente vigentes, si no afirman con fuerza ese discurso. Ese es el lenguaje que quiere escuchar su base, que es mayoritariamente popular y de capa media republicana, católica y laica. Ese es el lenguaje y la actitud que fortalece a la Nueva Mayoría y que genera lazos cívicos genuinos, que ya han existido antes, entre los democratacristianos y comunistas. Superar la aversión a un riesgo equivocado, en este caso, es algo de valor estratégico para las reformas que Chile necesita.

Y también están los que se angustian ante la posibilidad que “la izquierda”se diluya. Lo que sí puede darle un golpe de gracia a quienes se auto identifican con ella, es que no sea capaz de ser parte sustantiva de una amplia alianza popular y ciudadana.

Las sociedades son plurales y diversas. Y hoy esto es más cierto que antes. Una izquierda fundamentalista está destinada a perecer en el olvido ciudadano. La búsqueda de justicia, de libertad e igualdad no es patrimonio de un sector, eso está representado en toda la Nueva Mayoría, con sus diferencias y diversidades, y es bienvenido que así sea. Otra aversión al riesgo equivocado.

Pero al parecer éstos y otros temores no han sido todavía fuente de ruptura. Si, de empujones y expresiones desafortunadas. Hay que estar alerta porque de juego de manos se puede pasar a juego de villanos.

Vamos entonces a ponernos en la ruta más potente. Aquella de hacer Reformas ahora, y de seguir haciéndolas después. Aquella de debatir con fuerza y pensar lo que debemos hacer, y en contra de lo que creemos que no corresponde realizar. Debatir ideas, programas, estrategias, conducciones políticas, amistad cívica.

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En todos esos temas tenemos problemas. Unos más serios que otros. Esto no es una comunidad esotérica, es una comunidad política y social, con visiones e intereses distintos. No hay aquí riesgo, hay deliberación ciudadana. Tengamos cuidado en ponernos aversos a la diferencia, cuando la Ruta es común

Lo que es claro es que tenemos un solo contendor: el poder político y ahora  sobretodo  económico de una minoría ínfima, sobre todo financiera y no productiva, que está dando la pelea y lo seguirá haciendo. Es cierto que sus partidos amigos están semidestruidos, que no tienen líderes creíbles, pero estos grupos autoreferentes, existen y seguirán existiendo. Es en esta lucha por lograr consolidar una democracia sin oligarquías políticas y económicas en donde no podemos equivocarnos. Aquí está el riesgo mayor. No en otras partes. No se trata que no existan, sino que sean lo que son, minorías, rincones históricos que han tratado de modernizarse, pero Penta y otros tantos casos mostraron que la fábula del alacrán está en su instinto.

Lo que es claro también es que sólo una fuerza social y políticamente fuerte, plural y amplia, puede conseguir el éxito de esta enorme oportunidad que tenemos ahora.

 La Reforma Fiscal puede mejorarse en su aplicación; la Educación tiene temas que parecen poco claros, pero para eso tenemos que concentrarnos en debatir lo sustantivo. La Reforma al Binominal, es un paso enorme.

En ese marco, nuestra aversión al riesgo, si la ponemos en los temas equivocados, puede ahogarnos en nuestras pequeñas identidades o protagonismos. Ese es el peligro.

La Reforma Fiscal puede mejorarse en su aplicación; la Educación tiene temas que parecen poco claros, pero para eso tenemos que concentrarnos en debatir lo sustantivo, no lo adjetivo. La Reforma al Binominal, es un paso enorme. Podría ser mejor, pero lo avanzado permitirá que se corrija en el tiempo.

Estamos en una ruta larga. El que se cansa o quiere llegar sin rasguños, mejor que se quede de observador.

Columna relacionada: El valor de convocar al cambio

 

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Sobre el Autor

Guillermo Campero

Guillermo Campero

Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica. Experto en Políticas Públicas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y consultor del PNUD.