“A mayor participación política de la mujer, mayor es el respeto de sus derechos”

Line Bareiro es conocida como líder del movimiento feminista en Paraguay, pero su amplia trayectoria y experiencia la llevaron a integrar el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (Cedaw) de la ONU. De esta forma, ha trabajado en asesorías en distintos países de la región, así como en propuestas de replanteamiento del programa de participación política del organismo internacional. El 13 octubre pasado la abogada y politóloga paraguaya estuvo en Chile, invitada por el Instituto Igualdad y la Fundación Friedrich Ebert, para participar en su seminario de su especialidad.


Por María Isabel Guzmán

En el seminario internacional “Ser política en el siglo XXI”, organizado por el Instituto Igualdad y la Fundación Friedrich Ebert, el título de la charla ofrecida por la politóloga Line Bareiro fue: “Las mujeres como sujeto político en el siglo XXI”. Según la experta paraguaya, “el movimiento feminista tiene características distintas a otras organizaciones, porque no es piramidal, sino que cada una es portadora de su visión y no todas están en todas las luchas”, aseveró.

Los planteamientos de Line Bareiro en Chile llegan en un momento oportuno, cuando el país por primera vez aplicará la “Ley de cuotas”, que asegura al menos un tercio de cupos de candidatas para las próximas elecciones legislativas, del 19 de noviembre.

En esta entrevista Line Bareiro dijo que un gran salto hacia el futuro darían los países si toman la decisión de eliminar “la brecha enorme entre la ley y la aplicación de la ley, que es brutal, porque entre otras cosas esconde la cultura de la apariencia”. Y ello no sólo en términos electorales con la ley de cuotas, por ejemplo, sino en cuestiones cotidianas y que influyen directamente en la vida de las mujeres.

Respecto de la Agenda 20-30 de Naciones Unidas para la igualdad de género, dijo que los esfuerzos más difíciles están en la autonomía física, la discriminación laboral, la violencia sexual y la falta de justicia, sobre todo para las mujeres abusadas. Como una vía se solución, sentenció que “a mayor participación política de la mujer, mayor es el respecto de sus derechos”.

¿Cuán grave y extendida es la brecha entre la ley y su aplicación a la que hace referencia?

Fundamentalmente identifico esta brecha en América Latina y El Caribe hispano. En el Caribe inglés hay un retraso en el reconocimiento de derechos también, pero ellos no tienen en sus constituciones la igualdad y la no discriminación, un principio de que adolece la región. Si tienes esos derechos establecidos, junto con otros tantos que son importantes, puedes pensar cómo desarrollarlos y aplicarlos.

Hay ciertos niveles en donde tienes que hacer modificaciones para que puedan funcionar las leyes. Uno es el nivel institucional, de estructura. Por ejemplo, mientras la policía le diga a una mujer que ha ido muchas veces a denunciar violencia intrafamiliar, que no la van a registrar más, simplemente la ley es letra muerta. Hoy la policía termina siendo un nudo en muchos países para la defensa de los derechos de la mujer. Después tienes otras instancias, como que los médicos no quieren denunciar y no llenan la hoja poniendo quién fue el agresor, por ejemplo.

Tenemos un montón de fallas porque imaginamos que el Estado tiene que funcionar de una manera y no funciona así. Entonces, se necesita un cambio cultural centrado en el funcionariado público. Otra brecha se da en las estructuras burocráticas, cuando no existen los presupuestos ni los equipos humanos suficientes. Por ejemplo, ¿cómo vas a hacer una educación sexual adecuada para determinadas edades, si careces de una buena formación docente?

¿Considera usted que hay una caricaturización del feminismo?

En primer lugar, el ser mujer no te hace defensora per se de los derechos de las mujeres. Esta es una condición social que se construye. Yo creo que esto de la posverdad funciona: las mentiras que calan, pero que también funcionan alimentando prejuicios y otro tipo de cosas. Creo que romper con los estereotipos y los prejuicios es fundamental. Si no conocemos cuales son los estereotipos, vamos a tener muchas dificultades, porque además cambian.

Por ejemplo, en Sudáfrica hay una creencia popular de que el Sida se cura teniendo sexo con una virgen. Entonces violan a niñitas cada vez más pequeñitas para curarse del Sida, y por supuesto no se curan y les transmiten el Sida.

Por otra parte, hay las campañas estereotipadas que aluden a ciertos temores de la población. Al feminismo siempre se le ha agredido. En un momento se burlaban de la igualdad, asimilándola con la idea de semejanza, y no con el verdadero sentido de ésta: que somos diferentes pero valemos lo mismo que los hombres, porque el centro de la igualdad es que siendo diferentes valemos lo mismo. Cuestiones como estas se han dado siempre. Pero van en retirada, porque también las mujeres estamos cambiando nuestra posición y situación en la sociedad, así como en el nivel político y económico.

Usted habló lo de los nudos estratégicos planteados en la Estrategia de Montevideo de Cepal. ¿Qué son estos nudos?

La Estrategia de Montevideo apunta al cumplimiento de la Agenda 20-30 de desarrollo sostenible, Dentro de los 17 objetivos que ésta plantea, el objetivo 5 es igualdad de género y empoderamiento de las mujeres y niñas. Y además hay una obligación de transversalizar ese objetivo 5 en todos los demás. Por lo tanto, la Estrategia de Montevideo recupera aquella idea de que para lograr los objetivos tenemos que erosionar a los nudos estructurales, como la desigualdad social y la pobreza (esta última es diferente a la desigualdad); así como la cultura patriarcal y de privilegios y no de derechos, que aún existe en la estructura social.

Las mujeres somos tan parte del sistema patriarcal como los hombres, solo que ocupamos lugares diferentes.

Por lo mismo, tanto hombres como mujeres podemos ser protagonistas de un sistema democrático más desarrollado y profundo, culturalmente hablando.

¿Las brechas de participación de la mujer que se observan en Chile son comunes, como en otros países?

Sí, son similares, aunque hay diferencias en algunas cosas importantes. Creo que hay países que son más avanzados que otros. Por ejemplo, en el plano de la paridad. Bolivia descubrió que con la incorporación de cierto número de mujeres a una lista para elecciones no era suficiente, que no se llegaba al 50%. Entonces ponen la paridad horizontal, esto es que los candidatos deben ser mitad hombres y mitad mujeres, en todas las circunscripciones donde los partidos presenten candidatos. Esto ayudó a generar un sistema de paridad más sólido.

Dicho sea de paso, Bolivia fue el primer país del mundo que sacó una ley de violencia política, pero hasta ahora se aplicó en investigaciones y no hay ningún caso en que haya una sentencia reparadora. Pero está en discusión en diferentes países del mundo el tema de la violencia en el ámbito político.

Pero se necesita un trabajo de fortalecimiento del Estado, en el sentido de que cumpla las funciones que se le adjudican. No puede ser que en nuestros países se sigan firmando leyes o reglamentos que después no se cumplen. Y peor, sin los protocolos ni los presupuestos adecuados.

¿Qué le parece el estreno de la ley de cuotas en Chile, para las elecciones parlamentarias del 19 de noviembre?

No estoy muy informada, pero me dijeron que la derecha no tuvo los problemas que tuvo la izquierda, en este caso para cumplir con la cuota de candidatas. Estos problemas pueden deberse también a un tema cultural, en que el ambiente político es un poco hostil para las mujeres.

Sobre todo en un continente donde la violencia respecto de la mujer es tremenda.

La violencia contra las mujeres, lamentablemente, es una realidad en todos los continentes. Imagínate que en 1979 ningún país del mundo estuvo dispuesto a aprobar un artículo emanado de la Convención Cedaw, para controlar y castigar la violencia intrafamiliar. Ni siquiera Suecia lo aprobó en ese tiempo, porque decían que se trataba de un asunto privado.

En el ámbito político las formas de violencia hacia las mujeres son múltiples. He visto países donde no las invitan a las reuniones y después les dicen que con tres ausencias han perdido el espacio. En A esta práctica en Perú le dicen “vacas”, declaran vacante el cargo porque no asistieron y resulta que no sabían, porque no se les avisó.

Como sujeto político ¿qué rol deberían tener las mujeres?

Ser sujeto político tiene que ver con ser protagonista, pero también con ser parte de un ejercicio activo de ciudadanía. Y esa es una diferencia muy grande, porque además estamos en una situación en donde, con la tecnología y todo el movimiento actual, es casi imposible pensarnos solamente como parte de un país, de un pueblo, de una región. O sea, hay una interconexión global pero hasta ahora desconocida.

En el plano de la participación de la mujer, ¿observa cambios en Chile?

Cuando estuve en Chile en 1994 compartí con Natacha Molina (socióloga, fundadora y vicepresidenta del Instituto de la Mujer en Chile), porque estábamos escribiendo juntas el preinforme de ciudadanía, para la Regional de Mar del Plata, previa a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, en 1995. En ese momento sentíamos que trabajábamos estos temas desde la marginalidad, a pesar de que ya existía el Servicio Nacional de la Mujer. Desde entonces, la diferencia más grande es que hay un aumento real de poder, que hoy nuestros temas no son marginales, sino que están respaldados por una agenda internacional y gracias a ello se han logrado avances legislativos importantísimos.

Pero, ¿identifica algunos problemas?

Sí, por supuesto, algunos muy grandes y estructurales, porque tenemos Estados que no funcionan conforme a las mismas normas que se fija el propio Estado; tenemos situaciones muy terribles de desigualdad y de discriminación múltiple. Entonces, habiendo habido avances, creo también que necesitamos un cambio político, mayor compromiso y mejores políticas para seguir avanzando.

¿Falta compromiso de los funcionarios públicos para cumplir con la ley?

Creo que tenemos un inmenso trabajo que hacer en la administración pública, con los funcionarios. Y que aunque no le guste, que hagan lo que dice la ley, que no pueden estar obviando y boicoteando en múltiples materias.

Un informe reciente del PNUD señala que las mujeres chilenas están dejando de votar, sobre todo en el rango de los 40 y 59 años. ¿Qué le parece?

Creo que esta baja o desánimo de la mujer por participar en las votaciones es un problema que tiene que preocupar al sistema electoral chileno, porque debilita considerablemente a la democracia. Es un tema mayor. En Estados Unidos, uno de sus problemas justamente es el bajo nivel de votantes que tienen, y eso debilita enormemente. La gente tiene que sentir que sus intereses son representados y que no están fuera del sistema. Porque una de las cosas más terribles es que si no se trabaja en el sistema político, el conflicto social termina explotando en otro lado, en la calle, en la guerrilla, o en no sé qué cosa.

¿Cómo se combate la desconfianza generalizada hacia la política?

No se elige autoridades simplemente porque me va a construir la escuela. Es tu esperanza, es lo que quieres como contexto de convivencia, cuyo sistema de mediación es mucho más complejo. En sí misma la democracia debe ser algo que le importe a la gente, más allá de ciertas conveniencias de corto plazo.

¿Ahí está la necesidad vital de la educación cívica?

Absolutamente. Educación cívica y capacidad de cumplir roles de convivencia social. No podemos prescindir de las organizaciones de la sociedad civil que van más allá del feminismo, pero donde el feminismo tiene que estar presente. Creo que el feminismo es la corriente democratizadora más importante en este momento, no sólo para las mujeres. Está tocando relaciones de poder muy, muy despóticas, muchas de las cuales se mantienen latentes.

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Editor Política & Economía