¿A las puertas del desarrollo? Mejor dígalo con Gini…

La economía, como muchas otras disciplinas, está lejos de ser una ciencia exacta. Por eso, es que afirmaciones como que Chile se encuentra a las puertas del desarrollo debido a que el ingreso per cápita se acerca a los 20 mil dólares, siempre serán discutibles. En ese sentido, la pregunta parece obvia en nuestro país: ¿es toda la población la que alcanza el “umbral” del desarrollo o sólo una pequeña parte de ella?


Javier Martínez

Cada cierto tiempo reaparecen –especialmente en reportes de comparación entre naciones– algunos tópicos referidos a los “umbrales” a partir de los cuales una nación pasa a ser “desarrollada”, su sistema educativo pasa a ser “de alto estándar”, su hábitat logra condiciones para una “alta calidad de vida”, y así en adelante. Frecuentemente estos “umbrales” se expresan en indicadores simples –y es justamente en la belleza de los números simples de donde deriva su poder de seducción: producto per cápita, promedio en el ranking PISA, áreas verdes por habitante…

Curiosamente, estos supuestos umbrales parecen convivir incólumes con la advertencia de notables diferencias en la distribución de las variables a las que apuntan: es como si, en lugar de la relación entre “peso y talla”, o “índices de masa corporal”, fuera suficiente para comparar poblaciones la “talla media” de sus individuos componentes (como en alguna época, por lo demás, hicieran noveles demógrafos).

Umbrales subjetivos de desarrollo 

Un ejemplo notable de “pensamiento deseoso” es el llamado “umbral de los 20 mil dólares” del PIB por habitante (después de impuestos, y a igualdad de poder de compra): ésta sería la frontera del desarrollo, no importa cómo se distribuya ese promedio per cápita. Y, si alcanzado ese “umbral” muy poca gente lo nota en sus vidas cotidianas, es que las percepciones de la gente son equivocadas (o que ya lo notará: siempre habrá alguna derivación de Kuznets para afirmarlo).

Este es uno de los temas que subyace en las discusiones actuales sobre Chile y los intentos de la Nueva Mayoría de enfrentar las desigualdades (ataque al “milagro chileno”, decía una reciente publicación norteamericana respecto al proyecto de reforma tributaria; y precisamente ahora, cuando el país está a punto de superar el umbral del desarrollo –agregan otros, esgrimiendo las últimas cifras aportadas por el FMI).

La cuestión es obvia: ¿es el país el que alcanza el “umbral” del desarrollo, o sólo una pequeña proporción de su población?

La cuestión es obvia: ¿es el país el que alcanza el “umbral” del desarrollo, o sólo una pequeña proporción de su población?

El indicador per cápita es un promedio, pero no un indicador de lo que pasa con el habitante promedio. Para hablar no sólo de la talla del niño, sino (al menos) de la relación entre la talla y el peso, tenemos que incluir, en el caso de un país, no sólo el nivel de su producto, sino también su distribución. Para apreciar ésta también en números “simples y bellos”, es útil ponderar el producto por el Índice de Gini.

Me parece que respecto de cualquiera de los “umbrales” promedio que aparecen de cuando en cuando en nuestras discusiones, especialmente en una región de tan altas desigualdades como América Latina, debiéramos usar un Gini inverso

El Índice de Gini mide la desigualdad de la distribución de una variable (cualquiera sea ésta: producto, ingresos, nivel educativo, calidad de vida, etc.), de modo tal que 1 representa la mayor desigualdad, y 0 la igualdad perfecta. Me parece que respecto de cualquiera de los “umbrales” promedio que aparecen de cuando en cuando en nuestras discusiones, especialmente en una región de tan altas desigualdades como América Latina, debiéramos usar un Gini inverso (es decir: 1-G, uno menos Gini) como ponderador de igualdad: con ello nos acercaríamos a la noción del “promedio para el habitante promedio”. Por ejemplo, un PIB per cápita de US$ 20 mil, con un Índice Gini de 0.5, equivale en realidad a un PIB per cápita del habitante promedio de US$ 10 mil (20*0.5). O un PIB per cápita de US$ de 40 mil, con un Índice Gini de 0.2, a un PIB per cápita del habitante promedio de US$ 32 mil (40*0.8).

Junto a Rodrigo Alarcón, que ha tenido la paciencia de consultar todas las fuentes comparables, hemos podido arribar a una tabla comparativa para este indicador en los últimos 30 años (ver gráfico adjunto).  A partir de ella es oportuno destacar algunos datos, según quinquenios, para tres países seleccionados: Chile, Portugal y Dinamarca:

PIB per cápita del habitante promedio: 3 países

1990 1995° 2000 2005° 2010°
Chile 2.099 3.100 4.028 5.750 8.500
Portugal 7.379 8.487 11.402 13.398 16.868
Dinamarca 14.285 18.029 22.309 25.494 30.613
°circa

 

En el extremo bajo, el PIBpc del habitante promedio de Chile se multiplicó por 4, mientras el de Portugal (país que se utiliza habitualmente como referente del “umbral”) sólo lo hizo por 2.29.  En cambio, la distancia absoluta entre ambos, que era de US$ 5.280 en 1990, creció a US$ 8.368 en 2010. En la comparación con el extremo alto, mientras Dinamarca “sólo” duplicó (2.14 veces) su PIBpc del habitante promedio, acrecentó su distancia absoluta con el de Chile de US$ 12.186 en 1990, a US$ 22.113 en 2010.

Si el “umbral” se definiera a partir de Portugal, el habitante medio de Chile habría alcanzado la cifra de aquél de 1995, pero estaría recién a la mitad del mismo en 2010. Y si en ese año 2010 Chile hubiera alcanzado un Gini similar al de Portugal de 1995, todavía estaría a más de US$ 5 mil (11.526) de alcanzar al de Portugal. Una situación bien distinta de la que plantea el espejismo del “umbral de los 20 mil dólares per cápita”.

Distancias: relativas y absolutas. Nota breve.

La cuestión de las distancias absolutas es tan o más relevante que la de las distancias relativas, ya sea que se trate de comparaciones internacionales o (especialmente) internas: si en una situación (X) “a” tenía 2 y “b” tenía 10; y en la situación posterior (Y) “a” tiene 4 y “b” 20, la distancia relativa entre ambos se ha mantenido: 1/5. Pero la distancia absoluta, que antes era 8, se ha elevado ahora a 16.  ¿Cuál es la consecuencia de ese “8-plus” de “b”? Acumulación es una respuesta teórica. Aumento de la segregación social y espacial suele ser una respuesta práctica.

Fotografía: Claudio Doñas

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Sociólogo.